AQUELLOS VERANOS
Ahora cuando salgo en estas tardes de verano, cuando el sol va escapándose por el horizonte dejando un dia mas de sofocante calor, el sonido de la bandada de pajaros que surcan en el cielo me lleva inexorablemente al mismo recuerdo, dejo que mis pasos vayan aminorando por la via verde para que de este modo mis recuerdos me vengan con mas nitidez, y algunos instantes cierro los ojos para facilitar la tarea a esta incursión del pasado con mas facilidad.
Hace 35 años de esto, o quizás unos menos, que me veo preparándome para irme al kiosco de helados situado en el centro del pueblo, mejor dicho en la plaza del pueblo, junto a la iglesia , y el ayuntamiento, siempre es mi madre la que me indica la hora que es y el apremio por no llegar tarde, no hubo dia que me negase o tuviese algún disgusto por ello, a pesar de mi corta edad, supongo que lo teníamos asumido y era parte mas de mi rutina, el aseo era rudimentario, consistía en
echar agua templada en una safa, para luego lavarme las partes del cuerpo con un orden estricto, siempre empezamos por arriba, la cara, los brazos, y por ultimo las piernas, por supuesto esponja y gel, pero dando mas ahinco en las partes donde mi madre veía que acumulaba mas mierda, como codos, rodillas , tobillos y pies.
La ropa me la ponía sin pensar en menos de lo necesario, por supuesto , a veces se me olvidaba peinarme, es mi madre la que vigilaba para que me recogiese el pelo en una cola, porque según ella, una vendedora con los pelos en la cara da mala imagen, como no me fijaba nunca en mi aspecto exterior todo me parecía bien, cuando terminamos esta rutina, nos daba una bolsa con el cambio, es decir, monedas para empezar la jornada y una pequeña garrafa de agua limpia para el cuchicho de cortar la barra de helado.
Ibamos mi hermana y yo hacia nuestro puesto, aunque ella tenia dos años mayor que yo, no la consideraba como amiga o afin a mis intereses, quizás porque ella era una adolescente, que si se quejaba por esta tarea, tardaba un monton en elegir la ropa, y el pelo siempre lo tenia perfecto cuando salía a la calle, no la entendia con tanto narcismo, pero a ser la mayor no se me ocurria discutir con ella sobre su forma de actuar, por lo que ella decía me parecía bien.
Ella introdujo la costumbre que antes de entrar al kiosco pasar
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